La relación entre nuestras emociones y alimentación: Comedores Compulsivos
El alimento ha adquirido múltiples connotaciones simbólicas, asociándolo generalmente a momentos de festejo, agrado, placer, satisfacción y bienestar. Aquellas personas que no tienen control en lo que comen, no hacen una elección de lo que ingieren, ni sienten satisfacción plena, suelen identificarse como "comedores compulsivos".
Este término fue descrito por primera vez por A. J. Stunkard en la década del 50, el cual lo definió como “la ingesta excesiva de alimentos en intervalos de tiempos irregulares”. En otras palabras, el Trastorno del Comedor Compulsivo (TCC), se define como la ingesta de grandes cantidades de comida asociado con indicadores subjetivos y comportamientos de pérdida de control, angustia significativa por la alimentación compulsiva, y la ausencia del uso regular de comportamientos compensatorios inapropiados (ayunos, ejercicios excesivos, entre otras).
El doctor Ignacio Basurte Villamor, subraya que hoy en día este cuadro sintomático se conoce más por “trastorno por atracón”, más que por “comedor compulsivo”. A dicho término, lo define como "un trastorno alimentario caracterizado por una serie de episodios de ingesta de gran cantidad de comida, de forma compulsiva y sin control, y también en poco tiempo".
Si bien se trata de individuos que generalmente canalizan su ansiedad y estrés hacia la comida, también existe la otra cara de la moneda, pues hay personas que cuando están presionadas, ansiosas o deprimidas dejan de comer porque el alimento les provoca repugnancia, lo que puede ocasionar que en pocos días pierdan peso.
"Cualquiera de los dos extremos trae consecuencias negativas para la salud, más aún si la persona padece diabetes. Por un lado, la sobrealimentación eleva de manera importante la glucosa sanguínea y, por otro, la falta de comida la reduce (condición conocida como hipoglucemia)”, señala en una entrevista la nutricionista y psicoterapeuta Luisa Maya Funes.
Sin embargo, podemos decir que una de las causas de dicho trastorno es el estrés, ya que influye, en muchas ocasiones, en la forma de comer, y por ende, decimos que es una conducta aprendida a lo largo de su vida. "El ser humano, desde su nacimiento, se vincula a su madre por medio del alimento. Después, durante la etapa preescolar se comienza a premiar al chico con golosinas si se porta bien, cumple con sus tareas y guarda los juguetes, acciones que ocasionan que se genere en el menor la idea de que cualquier necesidad, apoyo o recompensa tiene que ser cubierta mediante la comida" (Funes, 2019).
Es importante tener en cuenta que los tiempos han cambiado y hoy, la apología del consumo y el materialismo desmedido han provocado que muchas veces dejemos de lado nuestro bienestar emocional para hacer cualquier cosa (lo que sea), incluso algo que nos disguste hacer, con tal de conseguir dinero, confort y éxito.
La visión del mundo como pura competencia, la incertidumbre de la vida, los trabajos rutinarios, el temor a perderlo todo, entre otros, favorecen un estado que deriva en ansiedad y desgano que muchas veces se torna crónico. Por eso quien está ansioso come, fuma, toma, compra enloquecidamente, con tal de no vivir solitariamente esa ansiedad sentida como vacío inaguantable. En otros términos, hacemos referencia a comer para acallar emociones. Estas últimas cuando son desagradables anulan la conciencia, despiertan el lado más instintivo nuestro y nos hacen comer compulsivamente.
"En estos casos es indispensable que el paciente detecte aquellos factores que le provocan estrés y analice su conducta alimentaria, lo que tiene como finalidad que logre controlar ambos elementos. Si no es posible que lo haga por sí mismo deberá recurrir a terapia psicológica que le proporcione apoyo, encamine a manejar este tipo de conducta, incremente su autoestima y genere conciencia sobre su forma de comer. Posteriormente, será necesario canalizar su ansiedad hacia la práctica de alguna actividad que le resulte placentera y relajante, como hacer ejercicio o asistir a clases de pintura o fotografía" (Funes, 2019).
Asimismo, los afectados que han logrado manejar el estrés no están exentos de sufrir recaídas, pero es fundamental comprender que ello es parte del proceso de adaptación que, además, les permitirá reconocer con facilidad los momentos de crisis con la finalidad de controlarlos cuanto antes.
Para finalizar, compartiré la siguiente cita que nos sirve para reflexionar:
“Aquellos que piensan que no tienen tiempo para una alimentación saludable tarde
o temprano encontrarán tiempo para la enfermedad” Edward Stanley.
Esta frase se ajusta perfectamente a la realidad actual. Vivimos en la sociedad del consumismo que nos mantiene inmersos en nuestras obligaciones laborales o estudiantiles, lo cual reduce las horas que dedicamos a tareas del hogar y en especial a la de nuestra alimentación, ya que la excusa del tiempo se utiliza innumerables veces para justificar el consumo de comida rápida o no saludable.



Comentarios
Publicar un comentario